
Durante décadas, el concepto de comercio fue sencillo: un comprador y un vendedor debían acordar un precio por un activo, a menudo facilitado por un intermediario central como una bolsa de valores o un corredor. Este era el evangelio de los libros de órdenes. Luego, llegó la tecnología blockchain y las criptomonedas, prometiendo descentralización. Pero durante mucho tiempo, incluso los intercambios de criptomonedas imitaron este viejo modelo, dependiendo de
libros de órdenes centralizados. La verdadera revolución no provino solo de la digitalización de activos; vino de reinventar el mercado en sí.